La turbosina presiona los vuelos
El precio de la turbosina se ha convertido nuevamente en uno de los grandes desafíos para la industria aérea. Las alteraciones en la producción, refinación y distribución de combustibles provocadas por el conflicto en Medio Oriente ya tienen repercusiones que van mucho más allá de aquella región.
La Asociación Internacional de Transporte Aéreo, IATA, estima que el precio promedio del combustible para aviones alcanzará los 152 dólares por barril durante 2026, casi 70% más que el promedio registrado en 2025.
Para las aerolíneas, esto podría representar un gasto de 350 mil millones de dólares en combustible durante el año, frente a los 252 mil millones de 2025. La turbosina pasaría así de representar aproximadamente una cuarta parte de sus costos operativos a superar el 31%.
El impacto ya se siente en México
México no se encuentra aislado de esta presión internacional.
De acuerdo con datos de Aeropuertos y Servicios Auxiliares retomados por El País, el litro de turbosina pasó de 11.85 pesos en diciembre de 2025 a 21.40 pesos en abril de 2026. Esto significó un incremento de 80.5% en tan solo cuatro meses.
El encarecimiento del combustible no significa que todos los boletos aumentarán de precio al mismo tiempo ni en la misma proporción. Cada aerolínea tiene diferentes contratos, coberturas financieras, rutas, niveles de ocupación y estrategias comerciales.
IATA calcula que las compañías aéreas tienen protegido mediante coberturas aproximadamente un tercio del combustible que consumirán durante 2026. Este mecanismo ayuda a reducir los efectos inmediatos de la volatilidad, pero no elimina la presión cuando los precios elevados se mantienen durante varios meses.
Tarifas y frecuencias bajo presión
Cuando el combustible se encarece, las aerolíneas cuentan con distintas alternativas para proteger su rentabilidad.
Una de ellas es trasladar parte del incremento a las tarifas. También pueden reducir frecuencias, concentrar sus operaciones en rutas con mayor demanda, utilizar equipos más eficientes o incrementar los ingresos obtenidos por servicios adicionales, como equipaje, selección de asiento y alimentos a bordo.
IATA prevé que el rendimiento promedio de los boletos aumente 7% durante 2026 y que los ingresos complementarios de las aerolíneas crezcan 12.6%. Estas cifras muestran que la presión no solamente podría reflejarse en la tarifa inicial, sino también en el costo total de la experiencia de vuelo.
Las rutas con menor demanda o rentabilidad podrían ser las más vulnerables. En México ya se han mencionado ajustes de frecuencias y una mayor concentración en los mercados sólidos para enfrentar el nuevo entorno energético.
No todo apunta hacia arriba
A pesar de la incertidumbre, también existen señales de una posible moderación.
La Administración de Información Energética de Estados Unidos prevé que la recuperación gradual de los flujos de petróleo de Medio Oriente podría reducir la presión durante la última parte del año. Su estimación contempla que el precio del Brent descienda de un promedio de 103 dólares por barril en el segundo trimestre a aproximadamente 70 dólares durante el cuarto trimestre de 2026.
Sin embargo, esta previsión depende de que no se presenten nuevas interrupciones importantes y de que continúen normalizándose la producción y el comercio de petróleo.
La conclusión, por ahora, no es que volar será inevitablemente más caro durante todo el año, sino que las tarifas podrían mantenerse especialmente sensibles a cualquier cambio geopolítico.
Una oportunidad para el agente de viajes
En un mercado de precios cambiantes, el trabajo del agente de viajes vuelve a cobrar relevancia.
Ya no basta con encontrar la tarifa más baja. Es necesario comparar horarios, equipaje incluido, condiciones de cambio, escalas, aeropuertos alternativos y costo total del itinerario.
Para grupos, congresos y viajes corporativos también será importante advertir que las cotizaciones aéreas pueden tener una vigencia más corta y que retrasar una decisión podría modificar tanto el precio como la disponibilidad.
La recomendación no debe ser generar alarma ni presionar artificialmente al cliente, sino explicar con claridad que la anticipación ofrece mayores posibilidades de encontrar buenas condiciones.
En tiempos de incertidumbre, el valor del profesional turístico está precisamente en interpretar el mercado, presentar alternativas y ayudar al viajero a tomar una decisión informada.
Fuentes: IATA, Administración de Información Energética de Estados Unidos y datos de Aeropuertos y Servicios Auxiliares.

